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Mostrando las entradas etiquetadas como CUENTOS

Lucía y su ilusión de colores

  T odos beben en la fiesta, que es celebrada en un estudio de arte pequeño, saturado con pinturas terminadas e incompletas en las paredes, acostados los cuadros sobre los muebles o sobrepuestos en las esquinas. Son el marco cálido de los asistentes, que ya medio ebrios mecen la copa y hacen bailar al vino tras el cristal; granate, rosado, blanco o marrón, los tonos o clases se pierden en las bocas anestesiadas que ríen y gozan y hablan de todo menos de arte.  Es el estudio de Lucía, que la semana pasada vendió su primera colección a un precio altísimo para estar al inicio de sus veinte y tener poco conocimiento del mundo artístico. Fueron cinco obras surrealistas pintadas al óleo y realizadas durante el último año. Esos meses en los que el mundo se inundó de contagios, muertes y crisis, Lucía los pasó pintando sobre su soledad en colores naranjas, rojos, rosas como el mundo que ya no existía afuera y que nunca lo hizo más que en sus obras, siempre ajenas de su presente. Ahora...

Mariana y su vagina

Un roce provoca que mi carne entreabierta humedezca el algodón que la cubre. Mariana, todavía una niña, me restriega sobre un borde suave a través de movimientos sutiles. Ahí, gracias a su curiosidad latente, conozco ligeramente el placer. Ella, llevada por la sensación agradable de la fricción, afanada después en apaciguar el cosquilleo que le incito, se complace con cualquier borde que la antoje. Un buen día dejo de ser acariciada, y con el pasar del tiempo ausente de placer, Mariana y yo nos olvidamos de las sensaciones, volviéndose éstas profundos recuerdos en la memoria de los sentires. Crecen sobre mí vellos chinos que me protegen del mundo y del aire, y me resguardan tras una cortina salvaje y natural. Pronto, de mi cielo se desprende la certeza de fertilidad: gotas de sangre espesa me llueven. Las expulso lento, al ritmo de los espasmos que Mariana experimenta aterrada. Siento el calor de su vientre adolorido, los escalofríos de miedo y frío tibio, de herida y desconcertada. El...

Mejor les habría sido el olvido.

Se conocieron desde niños. Ella tenía diez años y él nueve. Héctor, precoz conocedor de una docena de inexpertas bocas, le dio su primer beso a la curiosa Liliana frente al Civic 98 de su primo; que les echaba las luces altas en un fallido intento por cegarles la calentura. Cuando Héctor y su primo llevaban a la niña hasta su casa, los besucones se despedían entre miradas y sonrisitas de complicidad.  Entonces los dos morros se perdían entre la polvareda que dejaban a su paso, hacían donas en el antiguo arroyo del pueblo y explotaban con corridos alterados el estéreo modificado del pobre auto. Entretanto, Liliana escalaba el cerco para saltar por la ventana, azotar en la fría loseta de su alcoba y acostarse silenciosamente en su cama con dosel rosa en la que ya no se sentía niña En un pueblo en el que los niños pisaban el acelerador antes de alcanzarse a asomar por la ventana, y las niñas andaban de alborotadas en las tardes de fútbol con los de la secundaria, lo únic...

"Un Dios olvidado"

E n un principio creó Dios los cielos y la tierra. Hizo la luz y la noche, dividió el mar del cielo para darle forma a su invención y colocó nubes que cumplieran el ciclo de alimentar con lluvia a toda la vegetación que crecía de entre los poros de la tierra. Después vino el tiempo a su orden, y le dio nombre a todo con lo que adornó las paredes y el centro del mundo. Nadó en el mar, se recostó en la arena sobre la que reposaban los océanos, y caviló su creación desde una montaña. Sorprendido a causa de su propia magnificencia, sintió que faltaba vida que caminara por los pastos verdes del suelo, así que creó a los animales. Estos cumplían con las fases de la tierra, pero solo eran presos de sus instintos y necesidades, ignorando al ser supremo que les había brindado la vida. Entonces Dios creó al hombre a partir del polvo, y de una de sus costillas, creó a Eva. A ambos les dio el suficiente intelecto para que tuviera en la consciencia a su creador, pero no el poder para extend...

"La ciudad que siempre duerme"

Pancartas y cartulinas que reclaman un cambio son extendidas frente al palacio municipal. No son grandes lonas bien entendidas que se expresan legibles al aire, son un par de letreros fluorescentes escritos a mano alzada que son sostenidos por brazos que se entrecruzan para mantenerse unidos y sentirse multitud. En realidad, son solo quince ciudadanos que se manifiestan por una Ensenada libre de baches. Gabino Muñoz es el líder del grupo, vive en el poblado de Maneadero y cada mañana que hace su trayectoria hacia el trabajo se ve envuelto en un predicamento: estrellarse contra otro auto por evitar caer en los agujeros de la carretera de Chapultepec, o caer de lleno en ellos. Al pobre hombre se le han destrozado tantos neumáticos, que en el patio de su casa ya los enterró y pintó de colores para que sus dos hijas brinquen sobre ellos. Por eso una semana antes, ya fastidiado de la situación, Gabino creó un evento en Facebook con el objetivo de movilizar a un grupo de personas que l...